PREMISA CENTRAL DE ESTA REFLEXIÓN
El gobierno de México, a través de la Cuarta Transformación, ha impulsado reformas laborales históricas que han dignificado a múltiples sectores trabajadores, desde empleados de plataformas digitales hasta trabajadores del Estado. La Constitución establece claramente el derecho a educación de excelencia (Art. 3º) y al trabajo digno (Art. 123).
Sin embargo, existe un sector que aún no ha sido incluido plenamente en esta transformación: los cientos de miles de docentes contratados bajo esquemas de «horas-clase» en instituciones públicas descentralizadas y privadas de todos los niveles educativos.
Este llamado no busca confrontar los logros alcanzados, sino sumarnos a ellos. Aspiramos a que los mismos principios de dignidad laboral que ya se aplican a otros trabajadores mexicanos se extiendan también a quienes dedicamos nuestra vida profesional a la educación.
Existe una oportunidad de cerrar un vacío legal que, sin intención del actual gobierno pero con efectos reales, ha permitido la precarización sistemática de nuestro sector.
Si el Estado garantiza educación de excelencia y trabajo digno constitucionalmente, y si la educación de calidad se construye sobre la dignidad tanto del educando como del educador, entonces la dignificación docente no es una demanda sectorial sino una necesidad estructural del proyecto educativo nacional qué beneficiará tanto al total de los trabajadores de la educación como a los estudiantes de todo México.